El artículo original se puede leer en la web del Sport
Ya advirtieron nuestros mayores que cuando creyéramos conocer todas las respuestas nos daríamos cuenta de que las preguntas habían cambiado. Todo es siempre relativo. Si no esperas casi nada, un poco sabe a mucho. Cuando lo esperas todo, mucho parece una miseria. Bergamín, refiriéndose a que no hay justicia en el mundo, lo narró con su escatología castellana: “Comes salchichón y cagas mierda; pero comes mierda y no cagas salchichón”. Amén.
Dicho esto, ¿qué cabe esperar de los cuatro próximos grandes partidos del Barça? Hay quien lo espera todo, llevado de los resultados euforizantes; y también quien no espera nada, agarrado al atávico pesimismo vital del culé. Quizás lo más sensato no sea preguntarse por lo que está por venir, y desconocemos, sino por lo hecho hasta hoy, que sí sabemos. Y en este caso es razonable manifestar que Guardiola lo ha hecho prácticamente todo bien.
Fijó una hoja de ruta con varios conceptos irrenunciables: regresar a la senda del trabajo, reconvertir el vestuario en el santuario del esfuerzo deportivo, implantar normas de entrenamiento invisible, imponer el colectivo sobre el individualismo, administrar con prudencia las capacidades de los jugadores, y priorizar el medio plazo antes que el cortísimo. Con estas pautas se ha manejado a la perfección, alcanzando excelentes resultados y un consenso inimaginable sobre sus decisiones: quien se escandaliza por alguna ausencia en un partido puntual hace oposiciones a iletrado, pues es de conocimiento público que el medio plazo es incompatible con el cortísimo: un equipo no puede rendir a muerte todos los minutos de todos los partidos de todas las semanas. Así, reservar a jugadores es la demostración de que el entrenador gestiona el fútbol desde una perspectiva amplia y generosa, con grandes objetivos en el punto de mira, sin obsesionarse por el microscopio de corto alcance.
Mientras el equipo lograba brillantes resultados, Guardiola obtenía otros menos vistosos, pero trascendentales. El Barça vuelve a ser un equipo; posee una ambición inmensa, pero comedida y humilde; una plantilla totalmente activada y lista para cualquier batalla, que alcanza estas cuatro próximas con casi todas sus armas a punto y afinadas. Este es un balance incluso más satisfactorio que el de los resultados, pues lo importante es saber qué batallas hay que librar.
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