Curiosas reacciones

El artículo original se puede leer en la web de El Periòdico

Lo interesante de las derrotas son las reacciones de los derrotados. Varios futbolistas renombrados del Barça se han cebado en el arbitraje del sábado, recurso muy habitual y común entre aficionados, pero que debería estar vedado a directivos, técnicos y jugadores aunque solo fuera por higiene mental o pragmatismo. Está bien que los hinchas de grada o taberna lo reduzcan todo a la manifiesta voluntad torticera de los árbitros. Pero se espera bastante más de los protagonistas.
La reacción más curiosa ha correspondido a Carles Puyol, quien considera "injusto" que el rival quiera destruir o parar el juego cuando se enfrenta al Barça. Injusto, dice el capitán. ¿Qué sería lo justo? ¿Que el rival desplegara una alfombra roja hasta su portería? ¿Que ayudara al Barça a desarrollar su juego de fantasía? Francamente, las ideas nunca han abundado en los estadios, pero hoy sufrimos una sequía alarmante.
Hasta donde yo sé, todo equipo siente la obligación de ganar los partidos o evitar perderlos y para ello emplea la estrategia más adecuada en función de sus recursos. Cuando tu club ingresa 300 millones de euros anuales posees a los jugadores de más talento. Cuando ingresa diez veces menos, tus futbolistas son menos diestros. Y juegas con ellos en función de esa calidad. Si te enfrentas al Barça, ¿debes ayudarle a agitar la bandera del toque y la belleza? ¿O debes intentar evitar que la levante? ¿Debes facilitarle las cosas a esa máquina fenomenal? Enfrentarse al Barça con su mismo estilo es como enfrentar un carro blindado a pecho descubierto. Un suicidio, pero por lo que parece eso es lo que esperan los futbolistas del Barça: que el rival se suicide. Cuando uno de ellos se resiste a hacerlo, ¡qué injusticia!
Estos futbolistas deberían mirarse en el espejo de su entrenador cuando afirma que jamás buscará ocultar con excusas las causas de una derrota: perdieron porque jugaron mal. La solución es igual de simple: vuelvan al camino del estilo propio y no se distraigan con las trampas rivales.