El advenimiento del Mesías blanco

El artículo original se puede leer en el Sport

El pueblo madridista implora, en genuflexión suplicante, el retorno de Florentino Pérez al “palco de los negocios”. Un pueblo reclamando un Mesías. Un pueblo angustiado porque la gestión del club ha sido catastrófica. Y el único personaje revestido de poderes mágicos parece Florentino. Nadie más puede obrar el milagro ansiado: que vuelva la magia donde ahora sólo queda podredumbre. Radios, periodistas, encuestas y futbolistas exigen con insistencia que el “ser superior” abandone su silencio sospechoso y acceda a ungirse de nuevo con el aroma de la casa blanca. Así estamos en esta capital desmoronada de políticos de daga y puñal, mortadelos de pacotilla persiguiendo sombras y constructores colapsados. Pocas veces el Real Madrid fue tan metáfora del Madrid capital, ciudad también a la espera del improbable milagro.

Florentino como Mesías es una gran ironía. El presidente que huyó cierta noche de febrero lluvioso; el constructor que multiplicó por once su fortuna a su paso por el Bernabéu; el “lobbysta” que convirtió un palco deportivo en la gran feria de las influencias y los negocios es “el elegido”. Al pueblo blanco no parecen importarle, ni recordar, las penurias que dejó Florentino como herencia: una plantilla casquivana y hueca; un equipo vencido y sin estilo de juego; unos estatutos prehistóricos de asamblea manipulada y voto por correo demoníaco; y el sentimiento arraigado en los despachos del club de que todo vale, que cualquier chapuza es posible, que todo puede arreglarse con dinero, comisiones o chalaneo.

El pueblo madridista parece haberlo olvidado y apenas retiene las imágenes hermosas de la volea de Zidane, el apretón de manos de Figo o la postal de Valdebebas. La memoria es selectiva, pero en el caso del aficionado madridista podríamos decir que es ciega, pues el 90% de ellos quiere que regrese el mismo presidente que les dejó el club en quiebra moral por más que el pelotazo inmobiliario saneara las cuentas.

Este clamor popular no es bueno para el Madrid. Ni Florentino es el mismo ser superior, ni sus intereses coinciden con los de antaño, ni los tiempos están para nuevos pelotazos, por más que la venta del Bernabéu se antoje como el último salvavidas. Con todo, hay algo peor al advenimiento mesiánico de
Florentino y es que, finalmente, no se presente. En ese caso, sobre el caos se extenderá el vacío.