¿Desde cuándo jugar es un hándicap?

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Trece partidos en seis semanas es el plan inmediato del Barça si logra clasificarse para semifinales de Champions. Un partido cada 3,2 días, lo que supondrá alternar 5 ciclos largos de 4 días entre partidos con 7 ciclos cortos de 3 días de recuperación. Un maratón auténtico con el Tourmalet liguero entre medias. Es razonable, por tanto, dudar de la capacidad del Pep Team para resistir tal desafío, así como comprensible que se busque concluir que el Madrid tiene ventaja al disputar un solo partido semanal. Discrepo. ¿Desde cuándo competir más supone un hándicap?

¡Al contrario. El mejor método para ponerse en forma es la competición. El entrenamiento es la base sobre la que se edifica el estado de forma. Pero el entrenamiento no “pone en forma”. Lo que te afina es competir. Todos los entrenadores conocen esta realidad aunque algunos juegan al despiste y explican la tesis contraria. Pero mientras la cuentan programan partidillos semanales: siete contra siete, a lo ancho del campo, para practicar lo que llaman “ritmo competición”, o sea, intentan reproducir las condiciones de la competición para pulir el estado de forma.

Así que ¿por qué temer este calendario cargado de partidos? Quien debe preocuparse es el entrenador que sólo disputa un partido semanal y ve cómo sus jugadores languidecen mirando de reojo las evoluciones europeas de sus rivales. Hay una razón, es cierto, para temer semejante maratón: las lesiones, un riesgo inevitable. A más partidos, mayor probabilidad estadística de lesión. A cambio, mejor estado de forma, menos distracciones absurdas, poca influencia del entorno mediático y mayor corrección de errores, estrategias y cálculos tácticos. Jugando partidos, el equipo mejora físicamente y si, además, vence, se crece en lo anímico. Incluso una derrota tiene menor trascendencia, pues de inmediato hay que afrontar otra batalla. Claro, esta situación no puede eternizarse. Del mismo modo que la competición te pone en forma, ese estado de forma decae al cabo del tiempo. Si estás bien entrenado puedes resistir un par de meses sólo compitiendo. Después sobreviene una caída. Pero si lo meditan bien, el Barça cumple las dos condiciones: está muy bien preparado y le quedan dos meses de competición por delante. Así que podemos dar por finiquitados los entrenamientos. Ya sólo queda jugar y jugar sin parar.