Maquillando al ‘gran padrino’

Se puede leer en artículo original en la web del Sport

Florentino Pérez quiere regresar bajo palio. Su escandalosa huida de hace tres años está siendo milimétricamente ocultada por sus botafumeiros. Florentino dejó al Madrid como quien abandona unos zapatos viejos en el recodo del camino: sólo le faltó pisar la colilla que acababa de escupir. Fue un capitán que dejó el barco a la deriva y ahora que sigue estándolo pretende regresar a él como si nada hubiera ocurrido. En la visión panegírica que recomponen los medios amigos todo es color de rosa. Han regresado las loas al ser superior y se borran de la hemeroteca los reproches a esa plantilla de niños malcriados; los ceses intempestivos de un carrusel de entrenadores; la inversión millonaria en fichajes ridículos (Gravesen como paradigma de todos ellos); el desprecio a los canteranos; los despidos sangrantes de pilares fundamentales como Del Bosque o Makelele; y, en fin, una crisis descomunal de resultados que desembocó en una larga sequía de títulos. Parece como si nada de todo ello hubiera existido.

Florentino tuvo grandes aciertos: modernizó el Madrid; le dio empaque y seriedad, de lo que adolecía gravemente vistos algunos de sus antecesores; fichó tres grandiosos futbolistas (Figo, Zidane y Ronaldo); apostó por un discurso cautivador; y de la connivencia con los poderes públicos arrancó una recalificación de terrenos que saneó la economía blanca. Esta es la parte buena del balance. Pero queda la mala, que coincide con sus tres últimos años, donde el castillo de naipes se derrumbó con estrépito mientras el presidente convertía sin escrúpulos ni complejos el palco del Bernabéu en un centro de negocios y multiplicaba por once su fortuna personal. Esta otra parte del balance se intenta ocultar a diario en el Madrid de nuestros días, donde Pedro J. Ramírez mueve ondas y periódicos para reencumbrar limpio de toda mácula al gran padrino. El factótum del periodismo patrio quiere a Florentino en el palco para ser el nuevo crupier del casino blanco; el alcalde Gallardón se frota las manos con la llegada de su amigo Pérez; y aplauden con las orejas en Cajamadrid, financiador perpetuo de los proyectos merengues y enemigo a cuchillo de la presidenta Esperanza Aguirre. El Real Madrid es hoy apenas la excusa para una gran batalla de intereses económicos, pero a los socios les siguen distrayendo con Cristiano, Kaká y Valdano.