Hiddink fue decisivo

Hiddink sólo tomó dos decisiones estratégicas, pero ambas trascendentales. La primera respondió a la pregunta ¿cómo debo jugarle al Barça? Sabemos que hay varias respuestas aunque este año casi todas conduzcan al mismo resultado negativo para el rival. Hiddink valoró fortalezas y debilidades y optó por plantear los dos partidos desde un esquema defensivo. No fue una decisión alocada ni incoherente y se equivoca quien la valora bajo prismas morales. Tan legítimo es jugar al fútbol con un sistema ofensivo como lo contrario. El Chelsea no transgredió ninguna ley. Sólo tomó una decisión basada en la única regla decisiva: la eficacia. Hiddink creyó que su equipo sería más eficaz a partir de una muralla.

El partido del Camp Nou le refrendó. Fue un éxito del sistema defensivo blue, posiblemente uno de los mejores del mundo, que el Barça quedara seco en la ida. Nunca sabremos qué habría ocurrido si los blues hubieran jugado más abiertos en el Camp Nou, pero sí sabemos que quienes lo intentaron antes salieron escaldados. Reafirmado en la eficacia de su decisión, Hiddink la redobló en la vuelta. Nunca quiso el balón, lo regaló y plantó su muralla de diez gigantes. No es una propuesta romántica ni muy plástica. No se compadece bien con la inversión millonaria, las ansias de grandeza de Abramovich ni el gusto por el ataque de su hinchada. Pero era la opción que Hiddink intuía como más eficaz.

Y lo fue. Fue otro éxito defensivo. Cerró los espacios al sistema constructivo del Barça, maniató a sus estrellas, desgastó a los pasadores y desquició a los de delante. Fue un triunfo estratégico hasta que llegó su segunda decisión. El Barça jugaba con diez y estaba fundido; su lateral diestro era un manojo de nervios; sus centrales habían flirteado con el penalty demasiadas veces; Keita era un falso lateral zurdo sin cintura; los cerebros estaban embotados y Messi y Eto’o se perdían en el laberinto. Para Hiddink era el momento de apuntillar a Guardiola. Podía sacar a Kalou, un extremo veloz y feroz, pero eligió a Belletti. Podía sentenciar y prefirió conservar. Podía machacar, pero optó por guardarse aún más.

Estaba triunfando con su estrategia defensiva de alto voltaje y se equivocó en el movimiento decisivo. Debió dar un paso adelante, pero lo dio hacia atrás. Le dijo al Barça que aún era posible la remontada. Gracias, Hiddink.