El artículo original se puede leer en la web del Sport
El ‘imbroglio’ alrededor de Eto’o y su inmediato futuro suena a novedoso y alarmante, pero en realidad se trata del mismo episodio cien veces vivido con anterioridad en el Barça y en tantos otros clubs, este verano y cualquiera anterior. El conflicto suena siempre novedoso, aunque no es más que la copia repetida de mil conflictos anteriores. El viejo conflicto por el dinero. Se trata de algo parecido a las negociaciones con Lendoiro. Quien ha vivido una de ellas (y doy fe en primera persona) ya sabe a qué atenerse: todas las sucesivas son iguales, desaforadas en su gigantismo, de apariencia eterna, agotadoras por definición.
Lo mismo sucede con el traspaso de la estrella díscola. Ha ocurrido en todas las latitudes y casi siempre se trata de una pugna por el dinero. En el caso de Eto’o, si no hubiese dinero por medio no habría nada de qué hablar: ya estaría fuera. Pero no es el caso, de ahí que haya caso. Nadie quiere ceder gratuitamente la primera posición en el reparto de beneficios. Hoy habrá un poco de jaleo por esta cuestión, ya que ambas partes se acusarán de peseteros, lo que tendrá su guasa teniendo en cuenta que tratamos del reparto de dinero y no de colaborar con una Ong.
Pero concluya como sea el ‘imbroglio’ hay una cosa cierta: acabará bien para el Barça. Con mayor o menor dinero ingresado por Eto’o o incluso sin ningún ingreso, pero acabará bien. Si se va traspasado, porque se habrá cumplido el deseo del entrenador, que le prefiere lejos en beneficio del equilibrio y la ambición del vestuario tras la triple corona. Si se queda, porque Eto’o no se cruzará de brazos, por más ataque de melancolía que sufra de entrada, sino que continuará goleando y peleando como es norma y tradición y porque acumulará aún más rabia que el pasado año, cuando tuvo que rehabilitarse ante Guardiola, y porque querrá incrementar todavía más su ya alta valoración internacional.
Así que el ‘imbroglio’ llena periódicos, pero no debe inquietar a nadie. Con o sin el camerunés, el Barça saldrá reforzado en lo deportivo. Incluso podría salir muy potenciado si acaban juntándose Eto’o y Villa. Otra cuestión será el aspecto económico, donde el Barça no puede aspirar a obtener una plusvalía fabulosa por un delantero que en breve quedará libre. Pero habíamos quedado que los objetivos importantes son los deportivos y no los financieros.
El cerrojo que viene
El artículo original se puede leer en la web del Sport
Hay tanta charlatanería sobrevolando el aire que hechos relevantes pasan desapercibidos. Por ejemplo, que la selección estadounidense ha inaugurado lo que será norma la próxima temporada: el cerrojazo como antídoto al fútbol de toque, posesión y combinación. Claro, no es ninguna novedad y recetas semejantes las hemos visto desde hace décadas, este mismo año sin ir más lejos y de forma abundante. Pues sí, pero toda acción provoca una reacción y a ese fenómeno me refiero: el Barça ha enamorado con su estilo y lo mismo ha logrado la ‘Roja’, equipo mellizo del blaugrana. A tanta pasión y embeleso corresponderá ahora una fuerte reacción masiva contra ese estilo de juego. Ya no serán solamente los equipos muy modestos o de recursos futbolísticos algo rudimentarios. La receta se extenderá, pues se ha comprobado que frente a conjuntos de vocación ofensiva y mimo por el balón no hay mejor antídoto que el cierre de filas, la agresividad asfixiante y el contragolpe certero.
Ya ocurrió el año pasado: quien se encerró atrás tejiendo una tela de araña espesa puso en problemas al campeón. Ni siquiera fue relevante la talla del rival: la misma receta aplicaron Osasuna que Chelsea, más allá del glamour de sus respectivas plantillas. Dos líneas de cuatro bien juntas, presión terrible sobre la defensa del Barça, marcaje exasperante a Xavi y velocidad al contragolpe. Cuatro medidas básicas para intentar frenar a la máquina. Triunfaran o fracasaran en el empeño, la mayoría obtuvieron mejores guarismos que aquellos otros equipos que presentaron frente al Barça un planteamiento abierto, generoso y de buen gusto futbolero. Por lo general, estos fueron barridos.
Algo muy similar ha ocurrido con la selección española, autora de un recorrido prodigioso hasta chocar contra el muro americano. Sus planteamientos recordaron a los del Barça y enfrentó rivales comparables en modos y recetas para obtener resultados igualmente brillantes y exitosos. Favorita de casi todo, la ‘Roja’ ya es vista como el enemigo a batir. Y cuando el rival logra sacar petróleo con dicha receta consigue algo más: que ese antídoto se extienda por doquier, como si fuera el Bálsamo de Fierabrás, de lo que deducimos que la próxima temporada el Barcelona enfrentará un rosario de partidos contra telas de araña. No es nada nuevo, pero hay que ir preparando alternativas y variantes.
Hay tanta charlatanería sobrevolando el aire que hechos relevantes pasan desapercibidos. Por ejemplo, que la selección estadounidense ha inaugurado lo que será norma la próxima temporada: el cerrojazo como antídoto al fútbol de toque, posesión y combinación. Claro, no es ninguna novedad y recetas semejantes las hemos visto desde hace décadas, este mismo año sin ir más lejos y de forma abundante. Pues sí, pero toda acción provoca una reacción y a ese fenómeno me refiero: el Barça ha enamorado con su estilo y lo mismo ha logrado la ‘Roja’, equipo mellizo del blaugrana. A tanta pasión y embeleso corresponderá ahora una fuerte reacción masiva contra ese estilo de juego. Ya no serán solamente los equipos muy modestos o de recursos futbolísticos algo rudimentarios. La receta se extenderá, pues se ha comprobado que frente a conjuntos de vocación ofensiva y mimo por el balón no hay mejor antídoto que el cierre de filas, la agresividad asfixiante y el contragolpe certero.
Ya ocurrió el año pasado: quien se encerró atrás tejiendo una tela de araña espesa puso en problemas al campeón. Ni siquiera fue relevante la talla del rival: la misma receta aplicaron Osasuna que Chelsea, más allá del glamour de sus respectivas plantillas. Dos líneas de cuatro bien juntas, presión terrible sobre la defensa del Barça, marcaje exasperante a Xavi y velocidad al contragolpe. Cuatro medidas básicas para intentar frenar a la máquina. Triunfaran o fracasaran en el empeño, la mayoría obtuvieron mejores guarismos que aquellos otros equipos que presentaron frente al Barça un planteamiento abierto, generoso y de buen gusto futbolero. Por lo general, estos fueron barridos.
Algo muy similar ha ocurrido con la selección española, autora de un recorrido prodigioso hasta chocar contra el muro americano. Sus planteamientos recordaron a los del Barça y enfrentó rivales comparables en modos y recetas para obtener resultados igualmente brillantes y exitosos. Favorita de casi todo, la ‘Roja’ ya es vista como el enemigo a batir. Y cuando el rival logra sacar petróleo con dicha receta consigue algo más: que ese antídoto se extienda por doquier, como si fuera el Bálsamo de Fierabrás, de lo que deducimos que la próxima temporada el Barcelona enfrentará un rosario de partidos contra telas de araña. No es nada nuevo, pero hay que ir preparando alternativas y variantes.
Xavi, al que queríamos traspasar...
El artículo original se puede leer en la web del Sport
Nunca habrá espacio suficiente para agradecerle a la selección española lo que hizo el pasado verano por Xavi. La Eurocopa sirvió para muchas cosas, pero quizás la principal fue transformar a un jugador espléndido en un fenómeno mundial, reconvertir a un pelotero tímido en un referente indiscutible. No hace ni quince meses silbábamos a Xavi. Los foros de internet le querían traspasar al Manchester United y en las gradas del Camp Nou se gritaba que Xavi apenas era un canterano sin personalidad, servil ante Deco y Ronaldinho, seguidista de la autocomplacencia instalada en el vestuario en cuanto el portugués instauró el (D) ecosistema y Rijkaard permitió que el equipo se deslizara por el camino del “dolce fare niente”. Incluso discutíamos sobre el estilo porque aquello ya no era un rondo, sino un partido de balonmano, con el balón circulando en horizontal a la espera que algún delantero acertara a desmarcarse, a esprintar o simplemente a moverse.
La culpa se la atribuíamos a Xavi aunque los responsables eran otros. Xavi, en realidad, no daba abasto en aquel equipo adormecido. Bajaba hasta el borde del área a recoger el balón de Valdés, cruzaba cincuenta metros sorteando rivales y encontraba un panorama de compañeros levitando, cada cual pensando en lo suyo, incapaces de tirar un desmarque, pero reclamando el balón al pie. Y tras perderlo, a correr hacia atrás para ayudar a sus defensas y vuelta a empezar. Xavi era el aguador del equipo y a la vez tenía que interpretar otros diez papeles, con lo que el resultado fue aquella debacle sonora, una bofetada en el rostro del barcelonismo ilusionado.
Llegó la Eurocopa y Luis Aragonés puso sentido común: un mediocentro barrendero (Senna) cubriendo las espaldas, Xavi por delante con autoridad y liderazgo y compañeros con ganas de asociarse, voluntad de defender y ansias ofensivas. Ya conocemos el resultado triunfal para la selección y también para Xavi, que desde entonces no ha cesado de encadenar actuaciones gloriosas, interpretando cada vez mejor fútbol y sumando títulos colectivos e individuales y reconocimiento mundial. Guardiola supo ver aquella transformación prodigiosa y la implantó desde el primer día en el Barça, incluso adelantando aún más a Xavi, que ya es hoy el principal paradigma del centrocampista creativo en el mundo. Y hace un año dudábamos de él...
Nunca habrá espacio suficiente para agradecerle a la selección española lo que hizo el pasado verano por Xavi. La Eurocopa sirvió para muchas cosas, pero quizás la principal fue transformar a un jugador espléndido en un fenómeno mundial, reconvertir a un pelotero tímido en un referente indiscutible. No hace ni quince meses silbábamos a Xavi. Los foros de internet le querían traspasar al Manchester United y en las gradas del Camp Nou se gritaba que Xavi apenas era un canterano sin personalidad, servil ante Deco y Ronaldinho, seguidista de la autocomplacencia instalada en el vestuario en cuanto el portugués instauró el (D) ecosistema y Rijkaard permitió que el equipo se deslizara por el camino del “dolce fare niente”. Incluso discutíamos sobre el estilo porque aquello ya no era un rondo, sino un partido de balonmano, con el balón circulando en horizontal a la espera que algún delantero acertara a desmarcarse, a esprintar o simplemente a moverse.
La culpa se la atribuíamos a Xavi aunque los responsables eran otros. Xavi, en realidad, no daba abasto en aquel equipo adormecido. Bajaba hasta el borde del área a recoger el balón de Valdés, cruzaba cincuenta metros sorteando rivales y encontraba un panorama de compañeros levitando, cada cual pensando en lo suyo, incapaces de tirar un desmarque, pero reclamando el balón al pie. Y tras perderlo, a correr hacia atrás para ayudar a sus defensas y vuelta a empezar. Xavi era el aguador del equipo y a la vez tenía que interpretar otros diez papeles, con lo que el resultado fue aquella debacle sonora, una bofetada en el rostro del barcelonismo ilusionado.
Llegó la Eurocopa y Luis Aragonés puso sentido común: un mediocentro barrendero (Senna) cubriendo las espaldas, Xavi por delante con autoridad y liderazgo y compañeros con ganas de asociarse, voluntad de defender y ansias ofensivas. Ya conocemos el resultado triunfal para la selección y también para Xavi, que desde entonces no ha cesado de encadenar actuaciones gloriosas, interpretando cada vez mejor fútbol y sumando títulos colectivos e individuales y reconocimiento mundial. Guardiola supo ver aquella transformación prodigiosa y la implantó desde el primer día en el Barça, incluso adelantando aún más a Xavi, que ya es hoy el principal paradigma del centrocampista creativo en el mundo. Y hace un año dudábamos de él...
Sólo hay que pulir el diamante
El artículo original se puede leer en la web del Sport
La orgía veraniega de fichajes y millones enturbia el paisaje y puede cegar el horizonte. ¿De verdad un equipo fabuloso como el Barça del triplete está obligado a fichar media docena de cracks? Hay días que leyendo la prensa lo parece. Pero hasta donde yo sé bastaría con fichar un lateral zurdo suplente para que el conjunto que ha maravillado al mundo entero, agotado adjetivos y destrozado rivales continúe siendo el mismo fantástico equipo. Quizás eso no satisfaga al aficionado. Pero es irrefutable. Se fue Sylvinho y con que llegue un sustituto correcto el Pep Team seguirá siendo el mismo Pep Team que sobrevoló una temporada única, singular e inédita. Así que ¿a qué tanta urgencia y tanto agobio? ¿Por los NeoGalácticos o por el simple placer de cambiar de rostros?
El Madrid se ha reforzado con dos grandiosos jugadores. Y algún otro se incorporará a sus filas. Cuando ya estén todos juntos tendrán otra misión aún más difícil que fichar: formar un equipo. Quizás lo consigan el primer año o quizás no. También el Manchester fichará para suplir a Cristiano Ronaldo. Pero ¿mejorará su sustituto el espectacular rendimiento del portugués? No parece sencillo. El Milan ni siquiera se plantea usar los 67 millones obtenidos por Kaká. El Bayern aspira a mantener a Ribéry y sumarle los goles de Mario Gómez, lo que sería una mejora, pero no olvidemos que ese mismo equipo fue literalmente destrozado por el Barça. Como el Olympique de Benzema.
El Pep Team no necesita un aluvión de caras mediáticas, sino tres cosas: 1.- Cerrar sin heridas las renovaciones pendientes; 2.- Introducir mayor competencia en la delantera; y 3.- Ganar profundidad de plantilla y alternativas. El primer punto va camino de concretarse. El segundo se conseguirá con el fichaje de un delantero más, aunque si se va Eto’o deberán ser dos. Y el tercer punto se lograría trayendo a un mediocentro como Mascherano que ofrece alternativas al centro del campo y la defensa, ya que Touré se convertirá en un comodín completo al ocupar tres posiciones: mediocentro, volante y defensa central.
Fichar a Mascherano mataría dos pájaros de un tiro, pues tapona el problema de la Copa de África y evita fichar otro central al liberar a Touré, amén de que Henrique y Muniesa se sumen al equipo. Este no es tiempo de urgencias y fuegos artificiales, sino de pulir con mimo el diamante.
La orgía veraniega de fichajes y millones enturbia el paisaje y puede cegar el horizonte. ¿De verdad un equipo fabuloso como el Barça del triplete está obligado a fichar media docena de cracks? Hay días que leyendo la prensa lo parece. Pero hasta donde yo sé bastaría con fichar un lateral zurdo suplente para que el conjunto que ha maravillado al mundo entero, agotado adjetivos y destrozado rivales continúe siendo el mismo fantástico equipo. Quizás eso no satisfaga al aficionado. Pero es irrefutable. Se fue Sylvinho y con que llegue un sustituto correcto el Pep Team seguirá siendo el mismo Pep Team que sobrevoló una temporada única, singular e inédita. Así que ¿a qué tanta urgencia y tanto agobio? ¿Por los NeoGalácticos o por el simple placer de cambiar de rostros?
El Madrid se ha reforzado con dos grandiosos jugadores. Y algún otro se incorporará a sus filas. Cuando ya estén todos juntos tendrán otra misión aún más difícil que fichar: formar un equipo. Quizás lo consigan el primer año o quizás no. También el Manchester fichará para suplir a Cristiano Ronaldo. Pero ¿mejorará su sustituto el espectacular rendimiento del portugués? No parece sencillo. El Milan ni siquiera se plantea usar los 67 millones obtenidos por Kaká. El Bayern aspira a mantener a Ribéry y sumarle los goles de Mario Gómez, lo que sería una mejora, pero no olvidemos que ese mismo equipo fue literalmente destrozado por el Barça. Como el Olympique de Benzema.
El Pep Team no necesita un aluvión de caras mediáticas, sino tres cosas: 1.- Cerrar sin heridas las renovaciones pendientes; 2.- Introducir mayor competencia en la delantera; y 3.- Ganar profundidad de plantilla y alternativas. El primer punto va camino de concretarse. El segundo se conseguirá con el fichaje de un delantero más, aunque si se va Eto’o deberán ser dos. Y el tercer punto se lograría trayendo a un mediocentro como Mascherano que ofrece alternativas al centro del campo y la defensa, ya que Touré se convertirá en un comodín completo al ocupar tres posiciones: mediocentro, volante y defensa central.
Fichar a Mascherano mataría dos pájaros de un tiro, pues tapona el problema de la Copa de África y evita fichar otro central al liberar a Touré, amén de que Henrique y Muniesa se sumen al equipo. Este no es tiempo de urgencias y fuegos artificiales, sino de pulir con mimo el diamante.
El ‘pato cojo’ blaugrana
El artículo original se puede leer en la web del Sport
Hay dos hechos indiscutibles: Florentino Pérez ha reaparecido con energía exuberante y Joan Laporta se enfrenta a su último ejercicio presidencial. La combinación no parece, a primera vista, demasiado idónea para el mandatario blaugrana, pues tiene ciertos visos de lo ocurrido en 2003, pero al revés. En aquel momento,
Florentino y su concepto galáctico ya habían tocado techo y emprendían una caída que resultaría aparatosa en todos los sentidos. Laporta emergió entonces con una energía desbordante, irremediablemente dispuesto a torcer el rumbo de una entidad catatónica e implantar el círculo virtuoso. Lo ha conseguido, pese a los accidentes de la ruta que sembraron el camino de cadáveres y peripecias. El triunfo del modelo ha sido aplastante.
¿Puede ocurrir ahora al revés? Algunas ideas apuntan a ello, pero otras lo desmienten. Hoy, Florentino aparece como renacido de las cenizas, todavía más convencido si cabe de que su modelo galáctico es el idóneo. Quienes dudan de ello –entre los que hay bastantes madridistas, según confesión propia– argumentan que repetir las mismas actuaciones augura obtener idénticos resultados. Florentino opina lo mismo, pero al revés: si triunfé una vez con este modelo, volveré a triunfar. La diferencia estriba en que Florentino cree que triunfó porque olvida sus tres últimos y catastróficos años, mientras sus críticos los recuerdan con lucidez.
Enfrente, Laporta es un presidente ‘pato cojo’. Así llaman en Estados Unidos al presidente que termina sus dos mandatos, pues la experiencia les enseñó que ese último año sin posibilidad de reelección es proclive al error, cuando no al adorno narcisista. Laporta aún posee el hoy, pero ya no el mañana, así que podría pecar, aparte de esa palabrería que le pierde, de tomar decisiones que alejen al club del rumbo correcto. Pero también puede acertar y en eso confío: si quiere y se olvida del espejo y del rival puede centrarse en mantener el rumbo virtuoso del modelo. Profundizar en la expansión universal del Barça, para que no quede encerrado sólo entre las cuatro paredes catalanas; perfeccionar el encaje de la cantera con los fichajes potentes; dar otro paso más en el concepto de club solidario; y concentrar el objetivo en el éxito sostenible, para lo que debe ponerse al servicio de Guardiola y no al revés. Sería su último gran servicio al Barça.
Hay dos hechos indiscutibles: Florentino Pérez ha reaparecido con energía exuberante y Joan Laporta se enfrenta a su último ejercicio presidencial. La combinación no parece, a primera vista, demasiado idónea para el mandatario blaugrana, pues tiene ciertos visos de lo ocurrido en 2003, pero al revés. En aquel momento,
Florentino y su concepto galáctico ya habían tocado techo y emprendían una caída que resultaría aparatosa en todos los sentidos. Laporta emergió entonces con una energía desbordante, irremediablemente dispuesto a torcer el rumbo de una entidad catatónica e implantar el círculo virtuoso. Lo ha conseguido, pese a los accidentes de la ruta que sembraron el camino de cadáveres y peripecias. El triunfo del modelo ha sido aplastante.
¿Puede ocurrir ahora al revés? Algunas ideas apuntan a ello, pero otras lo desmienten. Hoy, Florentino aparece como renacido de las cenizas, todavía más convencido si cabe de que su modelo galáctico es el idóneo. Quienes dudan de ello –entre los que hay bastantes madridistas, según confesión propia– argumentan que repetir las mismas actuaciones augura obtener idénticos resultados. Florentino opina lo mismo, pero al revés: si triunfé una vez con este modelo, volveré a triunfar. La diferencia estriba en que Florentino cree que triunfó porque olvida sus tres últimos y catastróficos años, mientras sus críticos los recuerdan con lucidez.
Enfrente, Laporta es un presidente ‘pato cojo’. Así llaman en Estados Unidos al presidente que termina sus dos mandatos, pues la experiencia les enseñó que ese último año sin posibilidad de reelección es proclive al error, cuando no al adorno narcisista. Laporta aún posee el hoy, pero ya no el mañana, así que podría pecar, aparte de esa palabrería que le pierde, de tomar decisiones que alejen al club del rumbo correcto. Pero también puede acertar y en eso confío: si quiere y se olvida del espejo y del rival puede centrarse en mantener el rumbo virtuoso del modelo. Profundizar en la expansión universal del Barça, para que no quede encerrado sólo entre las cuatro paredes catalanas; perfeccionar el encaje de la cantera con los fichajes potentes; dar otro paso más en el concepto de club solidario; y concentrar el objetivo en el éxito sostenible, para lo que debe ponerse al servicio de Guardiola y no al revés. Sería su último gran servicio al Barça.
Cuidado con los fichajes siderales
El artículo original se puede leer en la web del Sport
Samuel Eto’o llegó procedente del Mallorca; Rafa Márquez fue fichado al Mónaco; Ronaldinho, de un devaluado PSG; Larsson, del Celtic escocés; y Touré, de nuevo del Mónaco. ¿Qué tienen en común estos cinco jugadores, al margen de que su aportación ha sido decisiva para la reciente historia del Barça? Que sus clubs de procedencia eran ajenos al Gotha de “los grandes” y estaban a años luz de los focos mediáticos. Eran clubs de nivel medio, de los que pelean por la Copa UEFA y poco más.
Hay otros: Sylvinho llegó del Celta, como Pinto, héroe copero; Giuly fue fichado al Mónaco; Belletti, al Villarreal; y Van Bommel a un prejubilado PSV. Es cierto que Piqué procede del Manchester United, pero todos sabemos que no fue allí donde se curtió de verdad, sino en el Zaragoza, donde pulió los fundamentos aprendidos en el Barça desde chaval.
Todos ellos, clubs medianos, alejados de las fantasías y los grandes salarios. De allí proceden la mayoría de los grandes fichajes del último quinquenio, que sumados al fruto de la cantera han producido el mejor rendimiento de la historia barcelonista. Por supuesto, siempre hay excepciones: el origen modesto del club de procedencia no evitó la floja prestación de Martín Cáceres. Pero el 95% de los jugadores fichados a clubs medianos han dado un rendimiento excepcional cuando se han vestido de blaugrana. Y a la inversa ocurre igual: de la Juve llegaron Thuram y Zambrotta; del Chelsea, Gudjohnsen; del Olympique de Lyon, Edmilson; y del Arsenal, Hleb. Nada memorable nos aportaron estos cinco futbolistas, a quienes sumaríamos el Henry llegado del Arsenal si no fuese por la milagrosa recuperación conseguida por Guardiola.
No elevaré esta idea a la presuntuosa categoría de tesis, pero los hechos son tozudos. Los jugadores procedentes de grandes equipos pasaron sin pena ni gloria por el Barça; los llegados desde la modestia alcanzaron la gloria. Quizás sólo sea una casualidad, pero conviene tenerla en cuenta ahora que la perdiz ya ha sido profusamente mareada por un mar de fichajes siderales. No albergo dudas sobre el sentido común de Txiki Begiristain y Josep Guardiola, que saben mejor que nadie que los grandes nombres y los traspasos fantasiosos no garantizan el éxito. Así que calma y a fichar sólo lo que de verdad necesita el triple campeón. Y, si puede ser, mejor a un club modesto que a uno grande.
Samuel Eto’o llegó procedente del Mallorca; Rafa Márquez fue fichado al Mónaco; Ronaldinho, de un devaluado PSG; Larsson, del Celtic escocés; y Touré, de nuevo del Mónaco. ¿Qué tienen en común estos cinco jugadores, al margen de que su aportación ha sido decisiva para la reciente historia del Barça? Que sus clubs de procedencia eran ajenos al Gotha de “los grandes” y estaban a años luz de los focos mediáticos. Eran clubs de nivel medio, de los que pelean por la Copa UEFA y poco más.
Hay otros: Sylvinho llegó del Celta, como Pinto, héroe copero; Giuly fue fichado al Mónaco; Belletti, al Villarreal; y Van Bommel a un prejubilado PSV. Es cierto que Piqué procede del Manchester United, pero todos sabemos que no fue allí donde se curtió de verdad, sino en el Zaragoza, donde pulió los fundamentos aprendidos en el Barça desde chaval.
Todos ellos, clubs medianos, alejados de las fantasías y los grandes salarios. De allí proceden la mayoría de los grandes fichajes del último quinquenio, que sumados al fruto de la cantera han producido el mejor rendimiento de la historia barcelonista. Por supuesto, siempre hay excepciones: el origen modesto del club de procedencia no evitó la floja prestación de Martín Cáceres. Pero el 95% de los jugadores fichados a clubs medianos han dado un rendimiento excepcional cuando se han vestido de blaugrana. Y a la inversa ocurre igual: de la Juve llegaron Thuram y Zambrotta; del Chelsea, Gudjohnsen; del Olympique de Lyon, Edmilson; y del Arsenal, Hleb. Nada memorable nos aportaron estos cinco futbolistas, a quienes sumaríamos el Henry llegado del Arsenal si no fuese por la milagrosa recuperación conseguida por Guardiola.
No elevaré esta idea a la presuntuosa categoría de tesis, pero los hechos son tozudos. Los jugadores procedentes de grandes equipos pasaron sin pena ni gloria por el Barça; los llegados desde la modestia alcanzaron la gloria. Quizás sólo sea una casualidad, pero conviene tenerla en cuenta ahora que la perdiz ya ha sido profusamente mareada por un mar de fichajes siderales. No albergo dudas sobre el sentido común de Txiki Begiristain y Josep Guardiola, que saben mejor que nadie que los grandes nombres y los traspasos fantasiosos no garantizan el éxito. Así que calma y a fichar sólo lo que de verdad necesita el triple campeón. Y, si puede ser, mejor a un club modesto que a uno grande.
Florentinópolis
El artículo original se puede leer en la web del Sport
El director de SPORT, Joan Vehils, escribía ayer que sería interesante conocer cuáles serán las fuentes de financiación del esfuerzo inversor del Real Madrid. Suscribo la idea. No por razones éticas, sino por mera curiosidad intelectual. Conocemos sobradamente en qué medida la mayoría de entidades bancarias han cerrado el grifo de los créditos para la actividad empresarial cotidiana y, en este sentido y sólo en este, sería ilustrativo conocer quiénes de entre dichas entidades han decidido prestar los cerca de 300 millones que Florentino Pérez sembrará en breve. Del mismo modo que conocemos qué bancos hay detrás de cualquier operación de magnitud, el fútbol español agradecería que el presidente del Madrid cumpliera su compromiso de transparencia y explicara, con toda naturalidad, qué entidades han apostado por la versión renovada de los NeoGalácticos y contra qué garantías prestaran el dinero.
Dicho esto, soy de los que creen que la inversión planteada por Florentino no admite mayor discusión, ni siquiera desde un aspecto ético. Hace pocas semanas, la vicepresidenta del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, nos explicaba en persona la necesidad de que también el fútbol practique la austeridad en los duros tiempos actuales. Lo aplaudo, pero eso es como escupir contra el viento. Cada club hace lo que quiere con su dinero. O con el de sus socios, que para eso le han votado o aceptado a falta de mejores opciones. Los socios del Madrid han optado encantados por Florentino conociendo los planes inversores del nuevo presidente. Por tanto, nada podrán reprocharle en el futuro. Si la deuda actual es de 500 millones y Florentino ha propuesto ampliarla en otros 300 no cabe reproche ético alguno. Es su opción. No ha lugar a ninguna reconvención. Pérez entiende el fútbol en términos de apalancamiento económico: invierte en un futbolista como quien lo hace en una máquina, esperando el retorno multiplicador de beneficios. Esta visión economicista del fútbol le dio resultado los tres primeros años y fracasó en los siguientes tres, cuando obtuvo peor balance que Ramón Calderón en apenas dos temporadas.
Así que la preocupación no debería estar en el campo barcelonista, sino en el de los socios madridistas, cuya deuda corporativa sumará pronto 800 millones de euros. Eso no es una mochila pesada, sino una pistola en la sien.
El director de SPORT, Joan Vehils, escribía ayer que sería interesante conocer cuáles serán las fuentes de financiación del esfuerzo inversor del Real Madrid. Suscribo la idea. No por razones éticas, sino por mera curiosidad intelectual. Conocemos sobradamente en qué medida la mayoría de entidades bancarias han cerrado el grifo de los créditos para la actividad empresarial cotidiana y, en este sentido y sólo en este, sería ilustrativo conocer quiénes de entre dichas entidades han decidido prestar los cerca de 300 millones que Florentino Pérez sembrará en breve. Del mismo modo que conocemos qué bancos hay detrás de cualquier operación de magnitud, el fútbol español agradecería que el presidente del Madrid cumpliera su compromiso de transparencia y explicara, con toda naturalidad, qué entidades han apostado por la versión renovada de los NeoGalácticos y contra qué garantías prestaran el dinero.
Dicho esto, soy de los que creen que la inversión planteada por Florentino no admite mayor discusión, ni siquiera desde un aspecto ético. Hace pocas semanas, la vicepresidenta del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, nos explicaba en persona la necesidad de que también el fútbol practique la austeridad en los duros tiempos actuales. Lo aplaudo, pero eso es como escupir contra el viento. Cada club hace lo que quiere con su dinero. O con el de sus socios, que para eso le han votado o aceptado a falta de mejores opciones. Los socios del Madrid han optado encantados por Florentino conociendo los planes inversores del nuevo presidente. Por tanto, nada podrán reprocharle en el futuro. Si la deuda actual es de 500 millones y Florentino ha propuesto ampliarla en otros 300 no cabe reproche ético alguno. Es su opción. No ha lugar a ninguna reconvención. Pérez entiende el fútbol en términos de apalancamiento económico: invierte en un futbolista como quien lo hace en una máquina, esperando el retorno multiplicador de beneficios. Esta visión economicista del fútbol le dio resultado los tres primeros años y fracasó en los siguientes tres, cuando obtuvo peor balance que Ramón Calderón en apenas dos temporadas.
Así que la preocupación no debería estar en el campo barcelonista, sino en el de los socios madridistas, cuya deuda corporativa sumará pronto 800 millones de euros. Eso no es una mochila pesada, sino una pistola en la sien.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)